Un blanco marinero

Este es un vino para descubrir, un blanco lleno de personalidad y sutilmente diferente. Se trata de Armiño, cuya fermentación es interrumpida para conseguir que queden más azúcares naturales del mosto. Con ello se consigue un vino ligeramente semi dulce de una acidez muy equilibrada y una suavidad extraordinaria.

Procede de uvas de la variedad Airén, tan productiva y característica en nuestra zona y tan resistente a las condiciones climatológicas extremas.

Armiño es un blanco frutal y armonioso con elegante final, que armoniza perfectamente con pescados, mariscos y salazones, con todo el recetario de verano de nuestra cocina más marinera.

De color amarillo pálido con reflejos dorados, es un caldo muy al gusto europeo y muy adecuado para disfrutar en verano.

Vino el verano

Ya está llegando, ya suben los termómetros creciendo hacia la plenitud del verano y sus recompensas. Un descanso y un paseo, un libro y una playa, los amigos y también una copa de vino para acompañar esos buenos momentos.
En los días que vienen también se puede disfrutar de vinos refrescantes y de todos los maridajes que ofrecen los blancos y rosados.
Los gazpachos y ensaladas, los arroces y pescados, la cocina ligera del verano es oportunidad para elegir vinos amables, frutales y florales cuya frescura, tomados a la debida temperatura, es una delicia.
También son días para los vinos jóvenes, incluidos los tintos que se pueden tomar ligeramente refrigerados a una temperatura más baja de lo habitual con la imprescindible cubitera. Quizás pensará, cuando tome unas gambas a la orilla del mar, que es la ocasión para esta elección. Y así es, pero pruebe también en esa cena ligera en la que se ha decidido por unos quesos y embutidos.
En Bodegas Ayuso encontrará en nuestros blancos y rosados diferentes opciones idóneas para armonizar con la gastronomía del momento.
Que lo disfrute.

¡Brindemos!

Brindar es uno de los actos más hermosos de la convivencia y de la complicidad.

Brindar es compartir la buena mesa. Es expresión de alegría, ofrecimiento y comunión.

Brindamos por el amor y la felicidad, por los buenos deseos, por el recuerdo y por el olvido.

El vino está presente en esos buenos momentos como un nexo de unión entre las personas, como partícipe y protagonista de la felicidad.

Brindamos por el fin de la amargura, por los amigos y por la buena compañía. Para desear el bien y para saludar mejores tiempos. Por los presentes y los ausentes.

Brindemos. Con esta bella canción que nos recuerda las muchas razones para hacerlo con nuestra gente.

Primavera en la vid

Durante el mes de mayo hemos observado grandes cambios en la viña y un gran crecimiento de los pámpanos de la vid. A primeros de mes apenas habrían brotado las yemas, y a día de hoy es raro encontrar un pámpano de menos de un metro e incluso se pueden observar ya las primeras flores, precedidas del desprendimiento del capuchón floral. Esto se conoce como floración y continuará en nuestros viñedos durante las dos próximas semanas, ya que cada variedad tiene su propio ritmo.

Durante estas semanas observaremos el cuajado del fruto, correspondiente a la fecundación del óvulo y consiguiente transformación del ovario en fruto (la vid es una planta en la que las flores apenas son visibles 15 días).

Dicho cuajado determina el número de bayas (uvas) y durante las siguientes seis semanas, periodo que se conoce como de crecimiento de la baya, quedará determinado el tamaño potencial de cada una de ellas y con ello la cuantía final de producción. Durante este periodo, el control de distintas variables, en especial la humedad, determinará también la calidad de la cosecha. Calidad depende en gran medida del tamaño individual de cada baya, ya que la inmensa mayoría de moléculas que aportarán a los futuros caldos aroma, estructura y color, se encuentran concentradas en el hollejo de la uva, y por tanto la proporción de hollejo frente a pulpa es sumamente importante.

No obstante un tamaño de baya excesivamente pequeño, y más en nuestra región, dónde los veranos son extremadamente cálidos y las precipitaciones escasas, pueden dar lugar a una pasificación temprana de la uva sin haber alcanzado la madurez adecuada para obtener un vino de calidad.

Por todo ello, el cultivo de la vid desde la brotación implica un gran número de operaciones para lograr este equilibrio del que resultará una magnífica materia prima para los futuros caldos.

Parte de estos trabajos son la eliminación de las malas hierbas desde el inicio de la brotación para evitar la competencia por el agua, nutrientes y oligoelementos imprescindibles para el desarrollo de la viña, y así disminuir su estrés. Sin embargo el laboreo (método tradicional de eliminación de malas hierbas) muy temprano favorece las heladas por lo que hay que encontrar nuevamente el equilibrio para no favorecer dicho fenómeno que, una vez brotada la viña, puede suponer una fuerte merma de la cosecha. Este año se han iniciado dichas labores en la segunda semana de mayo.

En estos primeros estadios se inicia también la eliminación de los rebrotes, y todos los brotes que están fuera de los pulgares (lo que también se conoce como poda en verde). Esta acción pretende eliminar el exceso de racimos y pámpanos que pueden suponer un desequilibrio para la planta.

Las primeras operaciones de eliminación de malas hierbas así como la eliminación de rebrotes y poda en verde, ya se han llevado a cabo en nuestros viñedos y a partir de este momento el control del estrés hídrico de la planta es fundamental para el perfecto desarrollo de la misma, así como para obtener uvas de gran calidad.

Probablemente a mediados del mes de junio iniciaremos con lo que se conoce como la subida de alambres o recogida de vegetación. Dicha operación se lleva a cabo en cultivos en cordón (también conocido como espaldera) y consiste, como su propio nombre indica en, con la ayuda de unos hilos o alambres, formar una pared vegetal ordenada de hasta dos metros de altura y apenas 20 cm de anchura para poder aumentar la  superficie foliar expuesta a la luz, mejorar la aireación de los racimos y mejorar el microclima de los racimos, aumentando con ello el aroma, el color…

A finales de junio (las variedades más tempranas) y durante el mes de julio, tendrá lugar el envero, cuyo nombre designa una serie de cambios fisiológicos (muy visible en el caso de variedades tintas pues la baya pasa de color verde a color morado oscuro) que dan comienzo a lo que se conoce como maduración de la baya con acumulación de azúcares, desarrollo de los aromas, adquisición del color y consumo de ácidos.